Por: Laura Luisa Del Castillo Negrete y Sánchez

«Remember, it’s romantic as hell what we do.»
-Ryan McGinley

Considerado hoy en día uno de los mejores fotógrafos jóvenes de Estados Unidos, Ryan McGinley ha logrado posicionar su trabajo en la industria de la fotografía actual mediante –como lo insinúa el título del presente artículo– el retrato de lo íntimo y lo insignificante de la vidas de las personas.

Algunos de los críticos que han estudiado la obra de McGinley, han adjudicado el despliegue de su trabajo a la cultura visual en general; a la presencia omnipresente de los medio en la vida diaria como lo dice Ivan Vartanian:

«This is in part a byproduct of the changing nature of media, shifting away from acentralized hegemonic broadcast source to something more egalitarian. At the same time, the divide between media consumers and media producers has been punctured by the spread of social media platforms.»1

Y no hay década en donde los medios masivos hayan tenido tanta repercusión en la sociedad como es la década de los 90s,  momento en donde Ryan McGinley comienza sus primeros trabajos de fotografía como parte de su vida académica en Parsons School of Design.

Los primeros trabajos de McGinley se caracterizan por ser pequeños retratos de la vida de sus amigos haciendo, básicamente, cualquier cosa. La juventud se vuelve clave importante de su obra: skateboarding, músicos, la vida nocturna, la vida común de los adolescentes, el movimiento de éstas, el retrato obsesivo de estos temas son en su mayoría, las principales temáticas de sus primeros trabajos. El mismo Ryan McGinley comenta sobre sus primeras fotografías: «For me the reason to go out to a party was to photograph»[2]

Silvia Wolf, quien fuera la curadora de su primera exposición en el año 2002, comenta sobre sus temas, «His subjects are performing for the camera and exploring themselves with an acute self-awareness that is decidedly contemporary. They are savvy about visual culture, acutely aware of how identity can be not only communicated but created. They are willing collaborators.»[3]

Su primer libro publicado, The Kids Were Alright[4] recoge estas primeras imágenes, que si bien no generan una nueva corriente dentro de la fotografía, sí renuevan una donde ya se encontraban fotógrafos como Larry Clark o Nan Goldin.

Sin embargo, el tiempo ha transformado el trabajo de McGinley, dejando atrás la fotografía de alguna forma «autobiográfica» o instantánea, para adoptar un estilo más estructurado donde se resalta una bien pensada composición, sin dejar de lado esa mirada vouyerista.

Sus más recientes trabajos se han caracterizado por la inclusión del elemento erótico. Si en sus primeros trabajos teníamos una mirada vouyerista y obsesiva buscando los momentos más insignificantes de la vida de sus amigos, esta nueva visión incluye desnudos masculinos y femeninos en situaciones eróticas, sin importan géneros, dejando ver el qué y no el quienes, como quien ve pero no se interesa por quienes lo hacen. McGinley dice sobre esta tensión sexual objeto-fotógrafo, «I’m interested in the body types I find in 1970s porn. There you see ordinary men and wholesome women who resemble the boy and girl next door »

Las personas retratadas en su colección Yearbook visto ya con esta nueva visión, son jóvenes “normales”, no el modelo de cuerpo escultural que usualmente aparecería en la portada de cualquier revista, sus retratos están enfocados en personas comunes, delgadas, robustas, cabello pintado de mil colores, tatuajes, la mayoría en sus “veintes”, jóvenes que se muestran ante la cámara de McGinley de una manera franca en un ambiente lleno de libertad, sonrientes frente a distintos fondos coloridos.

Otra serie fotográfica de McGinley es Fall & Winter, donde los modelos, si bien siguen desnudos ante la cámara, ya no se encuentran en un estudio, sino salen al exterior. El fotógrafo parece retratar la relación de los cuerpos desnudos con dos dos estaciones del año; otoño y el invierno. Vemos fotografías panorámicas donde los cuerpos se pierden entre las hojas, donde el cuerpo humano esta vez se destaca en el fondo blanco de la nieve. Cuerpos diminutos en las inmensas formaciones de hielo. Con respecto al desnudo en las fotografías de Ryan McGinley en esta serie del 2008, Moonmilk, Sylvia Wolf señala:

If nudity in the outdoors suggests primitive innocence, nakedness in underground caverns conjures a mortal’s fall from grace. (…) pictures chalk-white figures huddling in dank caves or hurling themselves from ledges dripping with stalactites. Unlike his idyllic scenes of pastoral beauty, a different, more ambiguous form of adventure (darker, more primordial sensibility) is at work here. Jules Verne’s A Journey to the Center of the Earth (1864) comes to mind, as does the biblical tale of Jonah and the whale, and visions of Hades in Michelangelo’s Last Judgment in the Sistine Chapel. Using strobes, colored gels, portable generators, and exposures lasting up to two or three minutes, this body of work is McGinley’s most physically and technologically challenging to date.

Habrá incluso quienes hablan de nombrarlo el iniciador del movimiento «downtown», lo que supondría para McGinley una vida «of bohemian archetype of what it’s like to be young, supremely talented and scene makers»[5], no obstante, Ryan McGinley se presenta para el espectador como un tipo normal, que ha pasado por un proceso de trabajo duro, viviendo más allá de lo que debería, extendiendo la juventud de sus modelos a través de la fotografía. En palabras del propio McGinley,  «There’s no manual for being an artist.»

Ryan McGinley descubrió gracias a su quehacer fotográfico el gusto por las personas de ser retratadas, como él mismo menciona «I realized I could make intimate pictures of strangers. It was a breakthrough for me. I found that most people liked being photographed; they like being paid attention to and being told to do things they normally wouldn’t do. I learned that all I needed to do was ask.»

¿Y qué no es lo que sucede en la época actual? Las personas, y sobre todo las jóvenes, buscan experiencias y buscan que eso quede asentado, que existan pruebas de lo sucedido. Buscan, de alguna forma, demostrar que existen y que viven.

Para concluir, el verdadero atractivo del trabajo fotográfico de Ryan McGinley y con miedo a sonar un poco nostálgicos, es el eterno retrato de la juventud y su ambiente, recordándole al joven lo que tiene y haciendo que éste se identifique con lo que ve, o con lo que quisiera ser, y recordándole al viejo lo que fue, o pudo haber sido.


[1] Ivan Vartanian, This Charming Man, 2016. Ensayo completo aquí

[2] Cita aparecida en el artículo A Young Man With an Eye, and Friends Up a Tree de Philip Gefter, publicado en el periódico New York Times en mayo del 2007.

[3] Sylvia Wolf, Out of Bounds: Photographs by Ryan McGinley, 2012. Ensayo completo aquí.

[4] Libro editado por él mismo, el cual en su primera producción sólo contó con 100 copias las cuales el propio Ryan McGinley envió a fotógrafos que admiraba y a revistas culturales que leía.

[5] La nota completa aquí.


Mujer común, a veces tesista de Letras Hispánicas, a veces correctora, a veces escritora, pero sobre todo alguien que desearía que su vida fuese una película de nouvelle vague.

Encuentra a Laura en: @laladcn y @puntoyseguido 

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