No, esta entrada no es para hablar del Liverpool Football Club. LFC son las siglas de los maravillosos, sorprendentes, increíbles, deidades de la música, inmortales: Los Fabulosos Cadillacs.

Músicos argentinos pertenecientes a una grandiosa generación de músicos latinos. Creadores de himnos de gradas, de letras políticas, de letras de amor y desamor, de triunfo y de derrota, de vida, de muerte, de todo. El espíritu latinoamericano puro en un puñado de individuos con instrumentos.

Cuando eran jóvenes y bellos, Los Fabulosos Cadillacs

“No quiero morir sin antes haber amado, pero tampoco quiero morir de amor”, fueron las letras atravesaron la bocina y llegaron a mis oídos.

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Desde ahí supe de qué se trataba ser músico. Fue por ellos que varios de mis compañeros de escuela, incluyéndome, tomaron una guitarra y comenzaron a sacar sus primeras canciones. Todas de rock en español, todas de rock latino. Se escuchaba Vasos vacíos, La guitarra y por supuesto Calaveras y diablitos.

A los anarquistas, a los amantes, a los latinos. Al futbol, a los novelistas y a sus propios ídolos musicales. Por Gardel y por Sandro. Por Maradona. Por Fidel, por el Che, por Sandino. Por los ritmos que nos dan identidad. Por nuestros poetas, por nuestros héroes caídos. Por la cumbia, la salsa, el reggae, el ska. Por nuestros paisajes llenos de cerros, de desiertos secos y de verdes valles. Por todos y cada uno de los habitantes entre el Río Bravo y la Patagonia. Por eso y más LFC son los músicos latinoamericanos por excelencia. Los Fabulosos Cadillacs son La Banda.

Lo bueno de la madre de todas las bandas argentinas es que vienen constantemente a nuestro país. Tiro por viaje son invitados a todos los festivales en casi todas las ciudades de México. Y más de uno los ha visto en vivo una o más veces. Los liderados por Vicentico han hecho vibrar más arenas de las que puedo recordar. ¿Y tú?

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