Beethoven estaba sordo y es reconocido como uno de los músicos más influyentes y destacados de la historia del tercer planeta. Louis Thomas Hardin, mejor conocido como Moondog era ciego y compuso canciones que te alegran el corazón… y la vida.

Ciego desde los dieciséis, Moondog vivía en la indigencia en la ciudad de Nueva York. Era conocido como el “Vikingo de la sexta avenida” porque en esa calle se paraba a diario a recitar su poesía con sus estrafalarios trajes.  Vestía ropa confeccionada por él a imagen y semejanza de Odín. Con toda la parafenalia incluyendo el Yelmo y túnicas vikingas, instrumentos musicales de su ingenio y muy buena música brotaban de ese maravilloso ser.

Decidió usar el sobrenombre de “Moondog” en honor a un perro que solía aullar a la luna más que ningún otro perro que conociera. Si crees que hay músicos contemporáneos a los que no se puede clasificar, espera a escuchar Pigmy pig o cualquier otra pieza musical de este vikingo. No se puede decir más que eso de su música: pasen y escuchen.

¿A qué suena Moondog?

Imaginen a dios bajando del cielo ¿qué sonaría? Pues cualquiera de las rolas que compuso desde 1949. Imaginen una casa de madera en medio de las montañas en un clima polar. Una cabañita junto al lago mientras llueve. Una tarde aburrida y cotidiana frente a una computadora mientras los dedos saltan sobre las teclas. Una tarde cualquiera en cualquier lugar mientras en el horizonte se ve, poco a poco el sol cediendo a la noche. Dos personas contando las estrellas en el cielo, tiradas en el piso, cada una suspirando por la otra. A eso suena Moondog: a vida.

Según los que lograron verlo en vida, la música de Louis Hardin tenía como base el contrapunto y los ritmos de los indios del noroeste de los EE.UU. ya que era originario de un pueblo en esa región de nuestro vecino del norte. Específicamente en Kansas.

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